“…AQUÍ HASTA LAS LAGARTIJAS TRAEN TENIS…”
La gira de Eduardo Pesqueira, Director de Banrural, fue muy apresurada como todo lo que hacia “el gordo Pesqueira” como le decía Rafael. Fue apresurada y atrabancada, no por nosotros, que estábamos encantados de recibirlo y mostrarle físicamente lo que Rafael le había platicado en innumerables ocasiones en su oficina en la ciudad de México. Después de todo Banrural era el banco de primer piso de la LEA; y de segundo y de tercero. Banrural tenia en cartera casi a toda la Unión de ejidos LEA. Aunque cada ejido era apoyado en forma independiente, al final de cuentas tenía detrás el aval de la Unión. La producción de pasa era entregada a la Unión, la de trigo también, la uva de mesa la exportaba la Unión, la de vino, se entregaba a Domeq o a Vergel y más tarde a la ARIC ALIANZA que había comprado la planta a Vergel precisamente.
Rafael convenció al Gordo Pesqueira a que viniera a Caborca en su ultima visita, pues le estaba pidiendo apoyo para la perforación de 35 pozos de agua salobre que se necesitaban para la granja de camarón que se había proyectado. Se perforarían en la costa. El Gordo Pesqueira acepto, y le dijo “la próxima semana, el martes te caigo alla”.
Rafael me llamó de la ciudad de México para darme la noticia y darme instrucciones de que comenzara con la organización de la gira y me pusiera en contacto con el Secretario particular de Pesqueira. Asi es que tuvimos escasos 6 días para organizar todo.
Eduardo Pesqueira en verdad era GORDO. Debe haber pesado unos 180 kilos fácilmente pues además era alto de estatura. Sumamente simpático, campechano, agradable, gritón, pachanguero, gente de pueblo. Llegó acompañado de su hija de 18 años. Preciosa, güera, cabello lacio largo que brillaba con el sol y muy bonita y agradable. Aguantó toda la gira incluso la visita a los ejidos de la costa con un sol arrasador.
Todo salió muy bien. La ultima parte de la gira era la visita a las instalaciones de la LEA. Recorrido por la procesadora de pasa, la despepitadora, silos, almacenes y planta de aceite de jojoba. Esta última era en realidad un pequeño molino que hacia eso, moler la jojoba que se echaba en greña; molía el fruto y le extraía el aceite que escurría por unos rodillos hasta un recipiente donde se acumulaba. Era aceite puro, brillante, color ambar y sumamente pegajoso.
El Gordo llegó, se paró enfrente del molino con su hija al lado. Mientras alguien le explicaba todo el proceso desde la recolección a mano de la jojoba en el desierto hasta llegar ahí, el gordo se comenzó a mover, se acercó al recipiente donde caía el aceite y le hablo a su hija que se acercara. Ella muy obediente se acercó, y el gordo, metiendo las manotas al aceite le dijo: “Mira hija, este aceite es buenísimo para el cabello, lo deja brillante y no se te cae” sacó las manos llenas de aceite y se lo untó a su hija en el cabello, todo. Nos quedamos todos mudos sin saber qué hacer y el gordo soltó unas carcajadas estruendosas, se le movía la panza de arriba abajo y su hija… su hija en un solo llanto. El cabello era un solo mazacote. Las secretarias de la Unión se la llevaron corriendo al baño de mujeres y ahí le lavaron el cabello y le quitaron lo más que pudieron de aquella masa como de chapopote pero color ámbar. La salida del avión se retrasó por ese motivo más de una hora. No podían quitarle el aceite. Pobre. Le pusieron una pañoleta en la cabeza y la subieron al avión. Creo que a ella no se le debe de haber olvidado nunca en su vida Caborca.
Toledo Corro como ex Gobernador de Sinaloa, conocía bastante de Sonora y conocía bastante de la organización ejidal, así es que cuando Rafael le presentó el proyecto de la planta de harina de pescado ubicada en Puerto Peñasco, le encantó la idea, sobretodo porque significaba una diversificación de la economía de los ejidos que eran tradicionalmente agrícolas. Rafael le dijo que para que el proyecto fuese un éxito se necesitaba adquirir dos barcos sardineros de segunda y que ya estaban localizados en Puerto Peñasco uno y en Guaymas el otro. Era una millonada de pesos. La magia de Rafael actuó de nuevo, se consiguieron los apoyos. La planta estaba en producción cuando se compro, se le hicieron sólo unas pequeñas modificaciones al proceso de producción, se instaló equipo más moderno y a producir harina. Sin embargo había que hacer una inauguración y quien mejor que el Secretario de Pesca para que inaugurara.
De nuevo me tocó organizar la gira y para ello fueron casi tres semanas de negociaciones con el Gobierno del Estado, el Presidente Municipal de Peñasco, el de Caborca, las cooperativas pesqueras, las armadoras, las plantas privadas, etc etc. Todos querían que el Secretario de Pesca los visitara, todos querían sus 5 minutos de fama estando cerca del Secretario. Entre el Particular del Secretario y un servidor organizamos todo. El Particular de Toledo Corro era un muchacho joven de mi edad, yucateco muy simpático. Hicimos click inmediatamente. Una semana antes de la gira me fui en vuelo privado a recogerlo en el aeropuerto de Hermosillo y de ahí volamos a Puerto Peñasco. El no sabía nada de Peñasco, ni conocía ni había oído hablar de ese lugar. De todos modos, como era playa, venía preparado con su traje de baño. Yo no, porque supuestamente íbamos a trabajar en los últimos detalles de la gira. Cuando llegamos y vio lo que vió, es decir, lo que había en ese entonces me dijo:
___Puta mare—con el acento Yucateco—aquí hasta las lagartijas traen tenis!! Que puto calor!!. Yo sólo solté la carcajada, era abril aún no empezaba el calor. Lo que si, nos tocó una colita del Springbreack de los gringos y cuando menos eso le gustó.
Si le metimos muy duro toda la semana y el Presidente Municipal y los cooperativistas no fueron hueso fácil. Querían imponerse y hacer la gira a su conveniencia. Al final tuvimos que recurrir a la estrategia que no queríamos, pero no quedó de otra:
___Mire Señor Presidente, la gira no es suya que le quede muy claro. El Secretario tiene contemplados unos apoyos extraordinarios para la cooperativa tal y otro apoyo para la cooperativa x; pero es muy sencillo, saliendo de aquí, le hablamos y cancelamos los apoyos, y no hay visita a la cooperativas y no hay evento para ustedes. Pero eso si las cooperativas van a saber porque y gracias a quién perdieron los apoyos.
Ya de ahí, todo fluyó y hasta escoltas quería ponernos, lo cual rechazamos.
Uno de los empresarios mas fuertes en ese momento en Peñasco, dueño de un astillero y del que me reservo el nombre, nos prestó una camioneta Blazer doble tracción de modelo reciente. En esa nos movimos toda la semana. Llegó el fin de semana y el Yucateco quiso salir a dar la vuelta a la playa y no sé cómo lo dejé manejar. Resultado: nos quedamos embancados, con la arena hasta el diferencial, en la playa donde había más gente y enfrente de todo el mundo. Y lo más penoso del asunto es que quien nos sacó de ese atolladero fue el mismísimo dueño de la camioneta, que de casualidad iba pasando por ahí y vió su camioneta hundida hasta el tope. Me moría de la pena, y el Yuca tan campante sin entender del todo qué pasaba.
Dos días después estábamos movilizando 7 avionetas para ir a recoger al Secretario de Pesca y comitiva a Hermosillo y traerlos a Peñasco junto con Rafael. Fue un día de intenso trabajo en el que como cierre se tuvo la inauguración de la planta de harina de pescado de la Unión de Ejidos LEA.
Obviamente Peñasco no era lo que es hoy y vivía más de la pesca que del turismo.
En mayo de ese año, Rafael y un servidor hicimos un viaje por carretera a Hermosillo. Como siempre, platicamos largo y tendido. Era donde mejor y más a gusto conversábamos. Me platicó que unos meses antes se había detectado un lote de uva pasa de la Unión en California, que no había sido vendida por la Unión. Nadie fuera de él y el bróker que comercializaba la pasa en estados Unidos, sabían de ello, y ahora yo.
___No dijimos nada, nadie sabe, no comentes nada porque no queremos alertarlos a estos traicioneros—me dijo—les seguimos la huella y ya sabemos quienes son, cómo la sacan y cómo la venden alla.
Me quise caer pa tras. No me lo imaginaba.
___O sea se la están robando – le dije.
___Si claro – confirmó—pero eso no es lo más grave. Lo verdaderamente grave es que es nuestra propia gente Miguel. Nos están robando de adentro, y eso sí me duele, es un abuso de confianza, una traición.
___Pues hay que poner la denuncia Rafael, pero ya— le dije.
Rafael era mucho más tranquilo, más tolerante y más cerebral que yo. Y con un corazón enorme.
___No — me respondió—no habrá denuncia, pobres familias al final de cuentas, qué culpa tienen. No habrá denuncia pero si es hora de hacer cambios ya la confianza se perdió.
Y me pidió que le preparara un nuevo organigrama. Me dio a detalle ciertos puestos y me platicó los cambios que quería hacer “no tengo aún a las personas”, me dijo, “pero si tengo muy claro cómo les vamos a poner un alto y cómo hacerle para que no se repita”.
De acuerdo a su visión, era prácticamente una reingeniería organizacional: Desaparecer áreas, crear otras, reforzar algunas, quitarle autoridad a otras, establecer controles aquí y alla.
___Trabaja en eso — me ordenó—pero hazlo muy confidencial, enciérrate en mi oficina cuando no esté yo. Se que andas en las últimas con tu boda así es que no urge, cásate, vete de luna de miel y cuando regreses ya lo vemos.
___ Pero falta casi un mes — le dije—es hasta el 15 de junio.
___Si, por eso, ve trabajándolo todo este mes, y me lo presentas cuando ya regreses y lo afinamos el proyecto.
La oficinas de la Union, oficina de Rafael, su secretaria, sala de juntas, oficinas de Técnicos, Desarrollo Social y la mía, estaban en el edificio de la ARIC-ALIANZA. Se compartía el edificio con ellos. Nosotros en la planta baja y ellos en la planta alta. Había otro espacio pequeño para otra organización hermana que era Fruticultores Unidos, principalmente productores de durazno y manzana.
Nos empezó a quedar chico el espacio, asi es que por esas mismas fechas se adquirió una casa ubicada en otro lado de la ciudad, frente a las oficinas estatales de Agencia Fiscal, Registro Civil, Judicial del Estado y juzgados, por la calle 6 y Av. Q. Se adquirió y se comenzó la remodelación y adaptación para oficinas. Nos cambiaríamos todos los que estábamos en el edificio de la ARIC, para el nuevo. La Dirección General y lo administrativo seguiría en donde siempre, en donde estaba la procesadora de pasa.
Normalmente las oficinas estaban llenas todo el día, un día si y otro también había mínimo cinco Comisariados Ejidales que normalmente se dejaban venir a la ciudad de tres a cinco de los directivos para tramites y diligencias diversas en bancos, ferreterías, tiendas, etc. Y se iban a la Unión a tratar de ver a Rafael cuando estaba en la ciudad o simplemente a tratar algo con cualquiera de nosotros o a tomar café. Se hacían bola y a veces eran 25, 30 personas esperando o dando vueltas por las oficinas.
Casi todos caían a los cubículos donde estábamos el Prieto Rascón y un servidor que éramos vecinos de cubículo. Rafael quiso mucho a Rascón, como le decía él. Pocas personas aún hoy, no saben quien es el Prieto Rascón. Ya desde entonces era la persona más popular, dicharachera, bromista, cuenta chistes, carrillero que he conocido. Además, creativo, emprendedor, inventor, apasionado de su carrera de Ingeniero en Alimentos. Nada se le atoraba. Pisteador y pachanguero. Nos hicimos grandes compañeros y amigos de trabajo y por sus ocurrencias todo el día se escuchaban carcajadas en nuestro rincón.
En mucho gracias a el prieto Rascón, los ejidatarios nos buscaban, se sentaban con nosotros, nos contaban sus planes, sus proyectos, sus problemas, sus batallas, sus éxitos; de sus familias, del ejido, etc. Y confiaban en nosotros.
Eso nos ayudó a ir poniendo orden en las oficinas y tratar de desahogarle la agenda a Rafael, lo cual nunca pidió, pero si le agradó cuando se comenzó a dar cuenta que le quedaba tiempo para dedicarlo a otras cosas o reuniones importantes.
El Prieto y yo usábamos los carros personales para el trabajo. Yo iba y venia a Pitiquito todos los días. No nos quejábamos, pero Rafael se dio cuenta y un día me dijo “ve por favor que carro necesita Rascón para el trabajo y qué necesitas tu y cotícenlos por favor”. No nos dijo dos veces y antes de una semana ya habíamos encargado los carros que nos entregaron unos días después. Obvio, como es normal en estos casos, hubo envidias, hubo trabas, hubo comentarios y hubo grilla tratando de obstaculizar la compra.
Muchos de los asuntos que trataba Rafael de diario con los ejidatarios eran pequeñas necesidades, desde préstamos personales pequeños, hasta créditos con proveedores de la ciudad; otros mas importantes eran los problemas con los pozos, las bombas, los canales, la aplicación de agroquímicos a los cultivos, etc. Y otros más eran los refaccionarios con los bancos, pagos atrasados, comercialización de la producción, compra de equipo y cosas así.
De modo que cuando ciertas cosas las empezamos a resolver entre Rascón y yo, pues le cayó de perlas.
Rafael utilizaba tarjetas bristol para apuntar los pendientes con su letra de quinto año de primaria y también las utilizaba para autorizar ciertas cosas como entrega de efectivo en la planta, o entrega de productos, etc. y esas tarjetas las firmaba y su firma era reconocida y respetada no solo en la unión sino en todo Caborca.
Salía muy seguido a Hermosillo o a la ciudad de México, normalmente un viaje al DF era de toda la semana; a Hermosillo dos días, a Mexicali o Tijuana dos tres días. Así es que tuvo que aprender a confiar en nosotros, a tal grado que cuando se iba a ausentar por varios días me dejaba tarjetas bristol, firmadas en blanco!! Por si se necesitaba. Aún creo que conservo algunas. Podría haber hecho lo que quisiera con ellas, eran como un cheque en blanco. Pero él sabía que no lo haría.
El Consejo de Administración que obvio era presidido por él como Presidente, eran en su mayoría personas mayores, ejidatarios, todos muy trabajados, muy colmilludos, excelentes personas, nobles y muy conscientes de lo que representaban. Conocí a todos en sus casas y en sus ejidos, conocí a sus familias de la mayoría. Los respetaba y si alguno daba una contraorden a algo ya autorizado por Rafael, respetaba su proceder y dejaba que las diferencias las arreglaran entre ellos. Se derrumbaron barreras y se abrieron y me dieron toda su confianza y apoyo como se verá más adelante cuando les platique los eventos que viví. Aún hoy me parece increíble que esos señorones que desconfiaban de todo y de todos por todo lo que habían batallado y sufrido para tener lo que tenían, confiaran en un chamaco de 27 años.
CONTINUA..